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¿Por qué gritamos durante el sexo?

Hay mujeres y hombres que no podrían someter su garganta al silencio, ya que el acto sexual no podría existir sin por lo menos un leve gritito.

“Prohibido gritar durante el sexo”. ¿Se imagina llevar a cuestas una prohibición de no gritar, gemir, externar sonido alguno mientras realiza el acto sexual durante cuatro años por ser digamos… demasiado ruidosa o un poco gritón? Pues eso le ocurrió a una mujer en Inglaterra que acumuló decenas de quejas de sus vecinos por ser una completa ruidosa sexual.

La condena: dejar de expresar su placer en cualquier territorio inglés, o al menos, externarlo en demasía. Injusta o no la condena, lo cierto es que gritar, gemir, exclamar durante el acto sexual es uno de los placeres per se aunados al placer mismo sexual.

Hay mujeres y hombres que definitivamente no podrían someter su garganta al silencio de una sentencia parecida porque, la mayoría de las veces, para quienes gritan o gimen, el acto sexual no podría existir sin por lo menos un leve gritito. Los gritos del amor son imprescindibles para muchos.

No somos los únicos. Los monos también gritan. Un estudio confirmó que el 86% de las hembras gimen durante el sexo para ayudar a sus parejas a lograr el clímax y reveló que sin estos sonidos hechos por ellas, los machos nunca eyacularían.

Las mujeres gritamos durante el sexo porque el clítoris tiene tantas terminaciones nerviosas que en su combinación de sensaciones de dolor y placer, el cuerpo exclama de manera casi involuntaria lo que pasa dentro.

En los hombres es distinto. Ellos no gritan demasiado debido a que su fase de placer cambia, sube y baja. Pero casi es inevitable que lo hagan durante la eyaculación en mayor o menor grado. Las mujeres pueden gritar incluso sin llegar al orgasmo.

Seguramente tu, mujer amante de los gritos o tu receptor de ellos, han tenido más de alguna experiencia con los vecinos que se molestan al escuchar lo que muchas veces ellos ni por asomo tendrían en casa. Otros más habrán disfrutado del placer ajeno y unos más envidiarán, si durante una noche de sexo en ambos departamentos continuos, el placer se expresa más de un lado que del otro.

En ocasiones has sido ese vecino incómodo al que todo el edificio mira de reojo cuando baja por las escaleras luego de una noche de sexo escandaloso. ¡Eso sí, con ojeras del tamaño gigante de la sonrisa!

Gritar o no gritar. Ese es el dilema. Pero ¿cómo o para qué? Es un hecho que gritar o gemir produce más placer en quien los escucha. En este caso, son las mujeres las más expresivas y los hombres los más excitados de escuchar gemidos; más no gritos ni alaridos.

No para repetir la historia de una pareja en Londres cuyos gritos eran tan desgarrados y fuertes que unos adolescentes vecinos llamaron a la policía pensando que había alguien siendo golpeado o violado.

¿Fingir o callar?

Casi no hay hombre sobre la faz de la tierra que niegue que los ruidos en el lecho le gusten, siempre y cuando no salgan de la “normalidad” o sean falsos o fingidos. Escuchar que sus parejas disfrutan aumenta su virilidad, su ego y aporta grandes dosis de lujuria. Quizá es también que, por ello, muchas mujeres deciden fingir los gritos.

Ya se sabe que el cerebro femenino se desconecta por algunos segundos durante el orgasmo y si es durante esta fase cuando ocurren los gritos, ella estará más concentrada en disfrutar su placer que en pensar en fingir los gemidos. Si entonces es un orgasmo falso, no sentido, y planeado, entonces los gritos serán falsos también.

Escuchar el placer de los otros, por ejemplo, de los vecinos de al lado, es una parafilia llamada ecouterismo que consiste en excitarse escuchando a otros que ya están excitados.

Se dice que el oído es también un potente estimulante y afrodisiaco. Y hacemos tan poco caso de él en cuanto al sexo se refiere.

Claro, el gusto se rompe en géneros y habrá parejas que por carácter, historia, personalidad, etcétera, decidan llevar a cabo su placer en silencio. Y eso también es totalmente respetable. Como lo es desgañitarse cual Pavarotti del sexo.

La pornografía ha tenido mucho que ver en que el sonido erótico, los gritos de placer se desvirtúen y se conviertan en algo más monótono o mecánico. ¡Pero siempre es momento para volver al buen camino!

Generalmente los gritos más fuertes o gemidos vienen durante el orgasmo, que además va acompañado de una serie de acciones: temblor del cuerpo, movimientos involuntarios, enrojecimiento de la piel, tensión de las extremidades, etcétera. Si el grito durante el orgasmo no va acompañado de alguno de estos… Entonces preocúpate: podría estar fingiendo.

¿Por qué gritar?

Gritar es sano para la salud sexual: además de liberarnos frente al otro de manera emocional, nos permite atrevernos, disfrutar, abandonarnos al placer. Los gritos producen euforia, emoción y contagian de éxtasis. El grito puede generar más placer para ambos: los sumerge en la melodía sexual.

Si a ti te excitan tus gritos, entonces serán excitantes para tu pareja también. Déjate llevar y siéntete libre de expresar lo que sientes.

Ayúdate de los sonidos para erotizarte a ti y a tu pareja. No quiere decir que finjas sino que lo uses como un poderoso estimulante sexual. En ocasiones no son solamente sanos los gritos sino también las palabras sexuales que puedan llegar a utilizarse.

La cama no es la vida real: en el sexo, las relaciones de poder y el feminismo a veces es sano que quede de lado. Había una chica en un blog argentino que comentaba que no sabía qué hacer con su feminismo si en realidad lo que le gustaba decir en la cama era “cógeme como una… papi”.

Y tú ¿gritas durante el sexo? ¿Has tenido experiencias divertidas, traumáticas o reveladoras en torno a los sonidos del amor? ¿Te has sentido excitado de escuchar a tus vecinos? ¿Finges los gritos?

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