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Señales de que sufres estrés

“El estrés puede causar cambios hormonales, inmunológicos y musculares que al comienzo pasan desapercibidos”, explica doctor Bruce Rabin, director médico del programa de Vida Saludable del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

“La gente generalmente no es consciente de esto hasta que los síntomas se vuelven molestos y perturbadores” agrega el especialista y recomienda no ignorar esas señales, pues es la forma que tiene el cuerpo para decirnos que nos relajemos.

1. Dolor o sangramiento en las encías

La tensión debilita el sistema inmunológico, lo que puede permitir que las bacterias en la boca penetren más fácilmente y causen irritación e inflamación en las encías, explica Kimberly A. Harms, encargada de orientación al consumidor de la Asociación Dental Americana.

Para estimular la función inmunológica, haz ejercicio regularmente, duerme bien, lleva una dieta balanceada y toma multivitaminas.

Si estás bajo estrés prolongado y tus encías sangran con frecuencia, visita a tu dentista de 3 o 4 veces al año para una limpieza y chequeo.

2. Pérdida de la memoria

Las hormonas liberadas durante una experiencia sumamente estresante puede suprimir la memoria a corto plazo. Afortunadamente, estos efectos suelen ser temporales.

Sin embargo, el estrés crónico puede desencadenar “olvidos” de mayor duración debido a la alteración de la estructura de las células nerviosas y sus conexiones con el cerebro, explica el doctor Bruce McEwen, jefe del laboratorio de neuro-endocrinología de la Universidad Rockefeller en Nueva York y autor de The End of Stress As We Know It. Estos cambios se pueden llegar a revertir una vez que desaparece el estrés.

Los expertos recomiendan usar listas, calendarios, y organizadores, y colocarlos en lugares estratégicos accesibles.

3. Menstruaciones dolorosas

En el caso de las mujeres, las estresadas tienen más del doble de posibilidades de sufrir dolores menstruales intensos, según un estudio de la Harvard School of Public Health. “El estrés intensifica el malestar que ya existe”, afirma Diana Dell, profesora asistente de psiquiatría y gineco-obstetricia en la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.

Esto se explica porque las sustancias químicas llamadas prostaglandinas, las que causan contracciones uterinas y calambres, se estimulan cuando estás angustiado.

Para bloquear la producción de prostaglandinas, puedes tomar un antiinflamatorio como ibuprofeno o el naproxeno en la primera punzada de dolor, recomienda Dell. Si esto no ayuda, habla con tu médico acerca de la posibilidad de tomar un relajante muscular.
4. Sueños surrealistas y pesadillas

Cuando tu mente se sobrecarga con ansiedad y no sabe cómo procesarlo, pueden surgir malos sueños como una manera de trabajar a través de la experiencia estresante, explica Barry Krakow, directora médico de Maimonides Sleep Arts and Sciences en Albuquerque, Nuevo México.

La especialista sugiere pensar que los sueños son psicoterapia libre, es decir, una posible pista de lo que te está pasando y una sugerencia sobre cómo lidiar con eso.

Dell recomienda centrarse en cómo te sentiste durante el sueño: si tienes miedo o vergüenza y pensar por qué. Luego, debes preguntarte qué es lo que te hace sentir la misma manera en la vida real. Por ejemplo, puedes darte cuenta de que has dicho o hecho algo vergonzoso en el trabajo y la necesidad de pedir disculpas a alguien o ser más cuidadoso.

5. Dolor de Mandíbula

Muchas personas, dormidas o despiertas, tienden a apretar los músculos de la mandíbula o rechinar los dientes cuando están tensos.

Si es tu caso, debes visitar a tu dentista para que te recomiende un protector bucal. Mientras tanto, presta atención a la posición de tu mandíbula durante el día. “Siempre debe haber un pequeño espacio entre tus dientes superiores e inferiores cuando no estás masticando”, explica el doctor Miqueas Sadigh, profesor asistente de psicología en Cedar Crest College en Allentown, Pennsylvania.

Para relajar la mandíbula, debes abrir con cuidado la boca hasta el punto en el que percibes la tensión en los músculos de la mandíbula, pero no hasta sentir dolor. Respira profundo y exhala hasta que tu quijada esté completamente floja

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